Outras Cores

domingo, 25 de março de 2012

Cómo transformar la oficina en una obra de arte

'Kukuxumusu Relocated' es la última obra de Mikel Urmeneta

Las oficinas de Kukuxumusu se trasladan durante dos meses a una galería de arte de Pamplona

El artista, al frente de la obra 'Kukuxumusu relocated'

No es que los trabajadores de Kukuxumusu se hayan convertido en obra de arte… O sí. La empresa fundada por el pamplonés afincado en Nueva York, Mikel Urmeneta en 1989, se traslada a la galería Moisés Pérez de Albéniz (Pamplona) durante los próximos dos meses. “La instalación, Kukuxumusu relocated” explica Urmeneta “es un ejercicio radical de transparencia de empresa”. A partir de hoy los ordenadores, las estanterías, las mesas, las sillas y los empleados de la empresa matriz de la firma se exponen al público. “Es una idea autobiográfica de mis dos necesidades vitales: crear y trabajar. Quiero mostrar una experiencia de vida volcada en un recipiente artístico. En esta pieza soy autor y parte”.

El experimento ensalza las carencias que tienen ambas disciplinas: Arte y trabajo. Por una parte, el cubo blanco que es el espacio galerístico se ve ensuciado por la oficina, y la oficina se ve de repente en un entorno más neutro, enfocado al arte, que no es el suyo natural.

La muestra incluye personas y tecnología que convergen en un entorno artístico, de manera que la galería, que es en un principio un lugar de contemplación desinteresada, se convierte en espacio de producción de beneficio. “Las galerías suelen estar abiertas al público, mientras que las oficinas y los espacios de trabajo son más íntimos e incluso herméticos”, afirma el autor de la muestra. Y por si fuera poco, no solo los visitantes pueden contemplar el día a día de la oficina, sino que cualquier persona puede observar a los trabajadores desde su ordenador a través de tres cámaras instaladas en la galería que se emiten en streaming: dos enfocan a las mesas de trabajo y otra está situada en la “sala de reuniones”, donde la visualización y la audición son totales gracias al cubo transparente en que se encuentra y a dos micrófonos que revelan todo los que allí se dice.

Una de las peculiaridades de este proyecto es que es la empresa la que se adecúa a los horarios de la galería, y no viceversa: “Los trabajadores empiezan a trabajar el sábado por la mañana, ha habido una adaptación en el horario, cambios a nivel individual sobre todo en el recorrido, los transportes para venir a trabajar cambian para cada uno de los empleados. Es un proyecto de ingeniería social”, puntualiza Urmeneta.

Este experimento que recuerda inevitablemente al ojo que todo lo ve, al omnipresente Hermano mayor de la novela de George Orwell, 1984, no pretende serlo, según su autor. La diferencia es que en Kukuxumusu relocated no hay teatralidad ni guion, “Porque aquí no cabe más que trabajar, trabajar y trabajar, aunque en condiciones diferentes”. A pesar de todo en la plantilla ha habido algún objetor de conciencia a esta pérdida de la intimidad laboral: de los 25 trabajadores, 23 han aceptado participar en el proyecto. “Hay personas que se habitúan mejor que otras, pero es comprensible el sentimiento de pudor”. Y es que, dice el profesor de Historia del Arte, Francisco Javier San Martín, “se produce una paradoja y una disfunción cuando el espectador acude a la galería, porque va a emplear parte de su tiempo libre en contemplar cómo otros trabajan, un ocio alimentado por el sudor de otros”.

Los edificios que se destapan

"La vida secreta de los edificios" relata los detalles que se ocultan tras algunos grandes edificios

Edward Hollis ha elegido desde el Partenón o la Alhambra de Granada, hasta el muro de Berlín

Santa Sofía, en Estambul. / MURAD SEZER (AP)

El curso de la historia está grabado en los edificios. Sobre todo aquellas construcciones que se convirtieron en el cruce de destinos de la población, e incluso del mundo. Entre ellas del Muro de las Lamentaciones, del Partenón, de la Alhambra de Granada, o del Muro de Berlín, de los que nunca se ha terminado de saber toda su biografía.

Pero ahora se sabe un poco más de algunos de ellos a través del La vida secreta de los edificios (Siruela) del británico Edward Hollis, arquitecto y profesor de Arquitectura de Interiores en el College of Arts de Edimburgo. Por ejemplo, en la historia del Partenón (o donde todo empezó), recorre minuciosamente las veces que fue destruido, tres en total, sin contar el terrible terremoto que en 1894 acabó derribando sus columnas de mármol. Llega al presente, que sitúa en 1975, año en el que arrancan las discusiones sobre qué hacer con él. Desde remplazar los restos con réplicas de vidrio hasta no hacer nada. Once años de discusiones hicieron falta para decidir que lo mejor era destruirlo y levantar una réplica, que debía de haberse acabado en 2010, más de 20 siglos después de su construcción. ¿Alguien sabe qué ha sido de ese proyecto? Pues para el que no lo sepa, el autor nos cuenta que después de sacar sus piezas y las esculturas trasladadas a otro museo, la réplica, un gran atrio de cristal proyectado por el francés Bernard Tschumi, sigue vacío. Un dato curioso: se ha tardado en destruir y reconstruir el edificio el doble de lo que se tardó en construirlo.

La historia de la Alhambra, por hablar del edificio español que el autor define como una “una rareza exótica” empieza con Boabdil, sigue con los Reyes Católicos y se detiene especialmente en Carlos V. De él cuenta con detalles cómo pasó aquí su luna de miel y cómo después se convirtió para el emperador en un refugio exótico de infinitos secretos… Luego ya se sabe, cayó en un estado de deterioro del que resurgió a finales del XIX gracias a la fama que le dieron escritores y artistas.

Este libro, subtitulado Del Partenón a Las Vegas en trece historias, que atraviesa con todo lujo de detalles la historia de la arquitectura universal a través de esos edificios no pasa por alto uno de los fenómenos de los últimos tiempos, los parques temáticos. Y elige The Venetian, en Las Vegas. ¿Y quién sale en esta historia? Alguien muy de actualidad: el multimillonario Sheldon G. Adelson. ¿Les suena? El mismo que quiere montar en Madrid (o Barcelona) su otra Las Vegas saltándose la ley y lo que haga falta. Pero esa es otra historia. De momento, En la vida secreta de los edificios podemos comprobar cómo se desenvuelve y algunas de las artes que emplea para salirse con la suya.

El título de este libro no es novedoso. Pero si tantos caen en la tentación de utilizarlo será porque tiene gancho. Algunos se titulan igual, como La vida secreta de los edificios, (Nerea, 1990) en el que Gavin Macrae-Gibson repasa la trasformación experimentada por la arquitectura americana en los últimos años a partir de siete edificios. Otro libro, que nos afecta más de cerca en el tiempo y espacio es La historia secreta de los edificios (Espasa Forum, 2011), donde el exdirector de la Politécnica de Madrid, Ricardo Aroca, selecciona una serie de monumentos representativos de la arquitectura española para hablar en qué circunstancias y por qué se construyeron así y no de otro modo. Edward Hollis, arquitecto nacido en Londres en 1970, explica que solo se dedique a monumentos y no a otro tipo de edificios en base a la teoría de Adolf Loos de que la arquitectura no tiene origen en la vivienda, sino en el monumento que al fin y al cabo es lo que perdura. Pero que al paso de los siglos siga en pie no significa que no se mueva. Y es ahí, en su volubilidad y en su transformación donde el autor exprime la historia de cada uno de ellos. Unas historias que tienen un tono de cuento. “Este es un libro de cuentos sobre la vida que llevan los edificios”, avisa el autor en el prólogo.

Arroyo exhibe una "visión de Blasco Ibáñez distinta de la de aquí"

El pintor madrileño considera "bellísima" la nueva edición de Sangre y arena de Blasco Ibáñez que la Diputación de Valencia ha editado con 31 ilustraciones suyas

Eduardo Arroyo, con su Sangre y Arena, de Blasco Ibáñez. / CARLES FRANCESC

La presentación de la nueva edición de la novela Sangre y arena, de Vicente Blasco Ibáñez, que ha tuvo lugar este viernes en el MUVIM (Museu Valencià de la Il.lustració i de la Modernitat) arrancó casi como un alegato taurino, pero concluyó como una reivindicación de la sintonía entre la ilustración y la literatura. Flanqueada por el pintor Eduardo Arroyo y el poeta Francisco Brines, la diputada provincial María Jesús Puchalt celebraba compartir mesa con creadores que no teman "enfrentarse a modas pasajeras", en referencia a las corrientes antitaurinas. Brines llegó a decir que éste es "un libro de toros" y consideró que "la tauromaquia" que falta en el mundo del arte "es la de Eduardo Arroyo, porque no hay nadie más aficionado a los toros que él". Salvo quizá Picasso, puntualizó.

Arroyo se refirió a "esta maltratada fiesta" y reconoció en sí mismo "una frustración" por no hacer una tauromaquia. Mencionó las de Goya, Picasso y Gilles Aillaud como las fundamentales y aceptó que la novela de Blasco Ibáñez le ha permitido acercarse "al mundo del toro de una cierta manera". Pero matizó que “por el momento estamos un poco lejos de hacer una tauromaquia". Había acertado plenamente Brines al subrayar como taurinos el rojo sangrante y el negro de luto con los que Arroyo ha diseñado una portada consistente únicamente en el nombre del escritor y el título de la novela ocupando toda la plancha. Pero, en realidad, solo una parte de las 31 ilustraciones en blanco y negro que integran este libro de más de 300 páginas, editado por la Diputación de Valencia, están conectadas con el mundo taurino.

Nueva figuración, Pop Art, los ecos del collage y el fotomontaje de vanguardia están en la base de los recursos que, filtrados por el sentido crítico del pintor, animan el trabajo reaizado por Arroyo para esta novela de Blasco Ibáñez. Al releerla, Arroyo asegura haberse sentido "impresionado". Toros y toreros, sí, pero también rostros y figuras femeninas, pistolas, máscaras y hasta un tricornio son imágenes que recorren el muy hispano drama de Blasco Ibáñez. Didáctico, Arroyo marca además a mano con números los párrafos que han dado pie a las ilustraciones, que también están numeradas. Y ha confesado haber descubierto con este encargo una nueva herramienta de trabajo: la fotocopiadora.

Eduardo Arroyo celebró el encargo, que agradeció al excoordinador de exposiciones del Muvim Carlos Pérez, y lamentó que poco a poco se haya ido "perdiendo la idea de la unión de la literatura y la poesía con la pintura". “Ilustrar libros está mal visto”, llegó a decir. Calificó el libro de “bellísimo", valoró el cosmopolitismo de Blasco Ibáñez y declaró tener una visión del novelista valenciano “ distinta de la que se tiene aquí dentro". En España, claro está.

La guerra del arte robado no tiene fin

Dos poderosas familias se enfrentan por un ‘monet’ robado por los nazis en Francia en 1941

Los alemanes se apropiaron de 140.000 obras en tres países

Soldados aliados recuperan obras de arte robadas y escondidas por Hermann Goering en una cueva de los Alpes bávaros en 1945. / ASSOCIATED PRESS


Es posible que perder un monet en 1941 en Francia fuese algo secundario. Los Heilbronn perdieron uno —Torrent de la Creuse— guardado en una cámara de seguridad bancaria junto a otras obras, robadas por la Gestapo. Max Heilbronn, miembro de la Resistencia y expulsado de su negocio en las Galerías Lafayette, fue enviado al campo de concentración de Buchenwald. El monet, una de las 100.000 obras expoliadas por los nazis en Francia, debió de ser la menor de sus preocupaciones.

Acabada la guerra, sus descendientes recuperaron dos cuadros que alegraban la casa del creador de la Gestapo, Hermann Goering, en Berlín, y un renoir que salió a la luz en 2004 en una subasta. Y, siete décadas después del asalto, Ginette Heilbronn Moulin, hija de Max y responsable de la cadena de tiendas de las Galerías Lafayette, cree haber encontrado un hilo que conduce hasta el monet desaparecido, aunque ello signifique enfrentarse en los tribunales con otra todopoderosa estirpe: los Wildenstein, una saga de marchantes de arte que inició su actividad en Francia en el XIX.

No la empuja la codicia. "No se trata del valor de la pintura, se trata de la victoria contra los alemanes. Esta obra representa parte de la historia de mi familia", declaró Heilbronn, de 85 años, a The New York Times.

Los Heilbronn encontraron referencias a la obra en los catálogos razonados de Monet, elaborados por Daniel Wildenstein (en 1979 y 1996) y considerados el inventario esencial para verificar la autenticidad de los monet. En ellos señalaba que pertenecían a un coleccionista privado no identificado de Estados Unidos, principal país destinatario de las sustracciones nazis. Las sospechas se agigantaron en 2011, cuando la policía encontró más de 30 piezas de arte, perdidas o robadas a familias judías saqueadas por los nazis, en el Instituto Wildenstein, un organismo de la familia dedicado a investigar y publicar obras. Los Wildenstein, multimillonarios y reputados marchantes con negocios en América, Asia y Europa, estaban en la picota.

Los Wildenstein huyeron a Nueva York y dirigían desde allí el negocio

Puede que el signo de la todopoderosa familia Wildenstein comenzase a declinar cuando un periodista, tozudo y clarividente, se empeñó en rastrear archivos y sacó a la luz la enésima miseria del nazismo en la que se había reparado poco: el planificado saqueo de arte de sus víctimas por orden de Hitler. El periodista Héctor Feliciano publicó un libro que sigue siendo el canon de la materia: El museo desaparecido (Destino, en España), donde demostraba el expolio sistemático cometido por los nazis en los países que invadían, amén del suyo. En Francia, Bélgica y Holanda, tres países ocupados, confiscaron 140.000 obras, a las que se suman decenas de miles de libros, manuscritos y muebles. Los aliados recuperaron y restituyeron parte de lo sustraído al final de la guerra. Goering, el principal coleccionista junto a Hitler, había ocultado en una cueva de los Alpes bávaros numerosas piezas. Feliciano subraya que Francia, el país más expoliado (afectó a 203 colecciones privadas, un tercio del total), recuperó el 60% de lo perdido, pero decenas de miles de piezas de gran valor siguen ocultas. En una esquina del libro estaban los Wildenstein. Eran casi personajes secundarios, pero estaban, y no de una manera elegante para unos adinerados marchantes judíos. ¿Cómo es posible que siguieran enriqueciéndose durante la Segunda Guerra Mundial siendo judíos huidos de la Francia ocupada por los nazis?

Porque algunos millonarios como los Rostchild no se libraron de aquel igualitario sistema de exterminio diseñado por los alemanes. Y otros históricos marchantes, como el amigo de Picasso, Paul Rosenberg, perdieron sus tesoros artísticos. Sin embargo, los Wildenstein huyeron de Francia a Nueva York, y traspasaron a su ayudante francés la gestión de su galería. En la práctica seguían enviándole instrucciones por correo, aunque las leyes de los invasores habían forzado una aparente arianización del negocio. Como tantas veces, el periodista calló más de lo que sabía. Pero a los Wildenstein no les gustó lo que traslucía. “Los menciono casi de paso, pero me demandan anticipándose para futuros pleitos, creyendo que matando al mensajero matan el mensaje. Lo hacen con la idea de que si atacan al perito van a anular todas las demandas que puedan sucederle”, recuerda ahora el periodista.

Querella en Francia

Los marchantes se querellaron contra Feliciano en 1998 en Francia. Aducían que su negocio había perdido clientela debido a los vínculos entre George Wildenstein y los nazis recogidos en el libro, pedían un millón de dólares en daños y perjuicios y la censura previa del trabajo de Feliciano. El pleito duró cinco años y pasó por tres tribunales, incluida la Corte Suprema de Francia, que fallaron siempre a favor del periodista. Defender la verdad le costó 150.000 dólares que no recuperó y afrontar un duro proceso personal. Los Wildenstein llegaron a contratar a un detective para investigarle. No muy ducho, todo hay que decirlo: confundió al periodista con su portero. "Acabé entendiendo cómo funcionan. Los Wildenstein nunca se han sentado en una sala de aeropuerto porque tienen un jet privado, tienen abogados que cobran sus nóminas mensuales, viven rodeados de gente que nunca les dice no", señala Feliciano.

Desde entonces, la imagen de los marchantes se ha deteriorado abruptamente. La Academia de Bellas Artes de Francia demandó a la familia por la desaparición de un cuadro de Morisot. En 2005 los tribunales dieron la razón a la viuda de Daniel Wildenstein, que demandó a sus hijastros Guy y Alec que la habían convencido de que su marido había muerto en la ruina. Y agentes antifraude han registrado en varias ocasiones en los últimos años la sede del Instituto Wildenstein, un lugar repleto de fantasmas del pasado.

¿Se irá el 'pissarro'?

A día de hoy en España se cuestiona la propiedad de un óleo pintado por Pissarro desde una ventana de París, que pertenece al Museo Thyssen-Bornemisza. Stuart Dunwoody, abogado de los reclamantes, confirmó que la demanda está presentada en un juzgado de EE UU. En 1939, forzada, Lily Neubauer vendió la obra en Berlín, pero fue compensada por ello en 1958. El barón Thyssen la compró en 1976.

quarta-feira, 21 de março de 2012

Hijo de Mortadelo y Filemón

Moratha dibuja tebeos de humor ambientados en el pasado

Empezó vendiendo sus trabajos fotocopiados en su ciudad natal y en los alrededores

Una viñeta de 'La escarcha sobre los hombros'. / MORATHA

Daroca es un pequeño municipio en el corazón de Aragón. Los 2.500 habitantes de esta ciudad medieval se vuelcan sobre todo en el turismo y el sector alimenticio. Y, al parecer, en los cómic. O al menos es lo que descubrió un impresionado Antonio Jose Morata Bedoya cuando vio que su ópera prima, Mariano, el descubrimiento, había vendido más de 1.000 ejemplares en tres meses. “El 90% fueron en Daroca. ¡Es casi una copia cada dos habitantes!”, cuenta, aún sorprendido, este dibujante que firma sus obras como Moratha.

El caballero Mariano, personaje "estrella" del dibujante Moratha. / MORATHA

El otro 10% fue la recompensa a los viajes en autobús de un jóven que por la mañana llenaba su mochila de tebeos fotocopiados y grapados e iba a autopromocionarse por los alrededores. “Me gastaba todo el dinero que me daba mi padre por ayudarle con las tareas de casa”, asegura Moratha, desde la tienda de calzados en la que trabaja, porque el cómic será su “vicio”, pero no le da para vivir. Al fin y al cabo su progenitor se lo había advertido, aunque su esfera de cristal tampoco acertó del todo: “Me dijo que era una ruina”.

Unos 12 años y 10 álbumes después, la profecía no se ha cumplido. De hecho, el año pasado Moratha ganó el premio al mejor cómic aragonés y ahora está a punto de publicar sus últimas dos creaciones. Thurrakos es la historia de un pueblo celtiberio, a medias entre enciclopedia y entretenimiento: “El guionista es un amigo experto de historia medieval. Está tan bien documentado que se podría usar en los colegios para enseñarles a los chavales. Aunque la trama tiene fuerza por si misma”. Con el otro tebeo, La media oreja de Van Gogh, Moratha reconstruye a su manera la vida del pintor holandés.

Mariano encuentra a los personajes de 'El señor de los anillos'. / MORATHA

Fan de Ibáñez y de sus Mortadello y Filemón tanto como del Superlópez de Juan López Fernández, a Moratha le apasiona también el pasado, y en concreto la Edad Media. Allá ha ambientado las cinco historietas del que define como su personaje “estrella”: Mariano, un caballero que tiene sus dos talones de Aquiles en los porros y las mujeres.

“A veces me preocupa lo identificado que me siento con él. Aunque quiero pensar que es más tonto”, se ríe Moratha. El aragonés espera que sus lectores también se rían con sus historias ya que el ironía es la flecha más afilada con la que cuenta su arco: “Toda la vida he hecho cómics de humor. Me resulta más fácil. Una vez dibujé la historia de un pastor contrabandista perseguido por la Guardia Civil [La escarcha sobre los hombros] y lo pasé peor que el protagonista…”.

Tampoco lo pasa muy bien Moratha coloreando sus creaciones. “Es lo que más me cuesta, la parte más tediosa y mecánica”, detalla el dibujante. Y es la última fase de un proceso en el que suele tardar unos seis meses. Luego, el álbum está listo para ser publicado, en algunos casos hasta online y gratuitamente: “Mariano en La Gran Mulalla se agotó en papel y como reeditarlo cuesta prefiero que no muera y se pueda ver en la Red”. Un espacio bastante más grande que una mochila.

El salto del ángel

Las otras primaveras

Por: | 21 de marzo de 2012

Primaveras4 -dante-gabriel-rossettiA cada uno de los años de edad de las personas jóvenes los denominamos primaveras. Son pasos que van configurando lo que la propia palabra juventud nos dice como tránsito entre la infancia y la llamada edad adulta. No es tránsito por ser transitorio, sino por ser transición. Tales tránsitos, además de lugares de paso son, como se dice, pasos efectivos. Y conviene que lo sean. Para quien los da y para todos nosotros. Pasos de autonomía y de soberanía personal y social.

Señalan los diccionarios que la primavera, como la juventud, se caracteriza por ser un tiempo de vigor, de energía, de hermosura, y de frescura. Pero no son épocas fáciles ni para los diccionarios ni para las primaveras. Sin embargo, las hay, bien decididas y bien emergentes. Y, como suele suceder, bien complicadas y complejas. Pero a su vez bien necesarias.

Ya no se trata sólo de las primaveras de cada uno, son primaveras colectivas, de comunidades, de pueblos, de países. Esa vitalidad adopta la forma de algo más que un estado de ánimo o de opinión y se constituye en un espacio activo y decidido. No es sólo una reivindicación, es una implicación, un compromiso. Y, entonces, eso de las primaveras nos concierne a todos.

Los necesarios debates sobre las formas de participación y el sentido y el alcance de las instituciones ratifican la importancia de pensar y de vivir una y otra vez el significado de las democracias y de profundizar y ensanchar sus posibilidades. Y este pensar y este vivir siempre requiere experiencias, que han de ser intensas y serias. No tanto, ni sólo, experimentos. Pero concernidos todos, del mismo modo que ningún mal nos es ajeno, ningún bien tampoco. Y hemos de propiciar las primaveras, las primaveras democráticas, las primaveras de personas y de países. Y ello exige hacer valer las buenas razones y las buenas fuerzas.

Primaveras2 arbol-africano
Hablamos con frecuencia de las fuerzas de la naturaleza, y menos de la naturaleza de nuestra fuerza, de la fuerza como naturaleza. Y de la naturaleza como fuerza de la movilidad y de los buenos motivos. Ya Aristóteles nos indicó que la physis, que hemos traducido a nuestro modo romano como naturaleza, es sobre todo una acción, la de emerger, la de hacer brotar y surgir, la de lograr que algo insista y persista. Esta fuerza es la clave del movimiento, la clave para llegar a ser otra cosa, la clave de la vida y de la transformación personal y social. Por eso las primaveras son movilización, motivan y emocionan, mueven y conmueven. Y en gran medida se contraponen al inmovilismo, a la resignación, al aburrimiento del puro durar de lo igual. Y por eso las necesitamos tanto. Y no sólo individualmente.

Quizá las primaveras nos impulsan a pensar en qué consiste en verdad moverse. No sólo en desplazarse o trasladarse, también en aumentar o disminuir, en sostener la tensión de las fuerzas en aparente quietud, o en cambiar. Aristóteles emplea entonces términos que bien pudiéramos considerar primaverales. Se trata de aflorar y de florecer, de hacer que algo venga a ser realmente presente.

Esta vinculación entre las primaveras y la movilidad nos llama a una acción constante, fructífera y fecunda de transformación y no sólo a modificar lugares o situaciones, sino a procurar en ellos formas de vida personal, social, económicas y políticas diferentes.

Imágenes: Dante Gaspar Rossetti, Sueño de día (1880) y Cristina Alejos Cañada, El árbol africano (2009)

terça-feira, 20 de março de 2012

Descubierto un nuevo cuadro de Van Gogh en el museo Kröller-Muller

'Bodegón con flores oreja de ratón y rosas' tiene debajo otra obra del pintor holandés

La Haya 19 MAR 2012 - 21:59 CET

Museo Kröller-Muller

La obra pictórica de Vincent van Gogh tiene desde ahora un nuevo lienzo en su lista. Se titula Bodegón con flores oreja de ratón y rosas y está pintado encima de otro cuadro, que presenta a dos hombres practicando lucha libre. El artista los retrató en 1886 durante su estancia en la Escuela de Bellas Artes de Amberes (Bélgica). Una vez en París, decidió pintar encima las flores. Lo hizo directamente y sin tapar antes a los luchadores. Los historiadores descubrieron en 1998 que los atletas, descritos por Vincent a su hermano, Theo, en una carta, estaban debajo del bodegón. Sin embargo, la firma solo ha podido atribuirse ahora gracias a la ayuda de un análisis químico a base de rayos X fluorescentes. La misma técnica fue utilizada en 2011 para descubrir un cuadro de Goya que estaba pintado debajo del Retrato de Don Ramón Satué (1823). En ambos trabajos han colaborado expertos de Holanda, Bélgica y Alemania.

El museo Kröller-Muller se encuentra en el centro de Holanda en medio de un parque nacional. Allí se guarda la segunda colección más importante del país de cuadros y dibujos de Van Gogh. El bodegón ahora rescatado mide un metro por ochenta centímetros, un tamaño grande y poco frecuente en la producción del artista. Antes de descubrirse a los luchadores de debajo, los expertos pensaban que un lienzo tan abigarrado no correspondía al holandés. Los nuevos rayos X fluorescentes, dirigidos con ayuda de un escáner que se introduce en las capas del óleo, han demostrado que el pintor no tapó ni preparó la tela para pintar de nuevo sobre ella. Como tenía que cubrir a los luchadores, llenó todos los rincones del cuadro de pintura.

Imagen de rayos X del cuadro de los luchadores de Van Gogh. / Museo Kröller-Muller (AP)

Bodegón con flores oreja de ratón y rosas estuvo en varias colecciones particulares hasta que el museo lo adquirió en 1974. Entonces fue calificado de “excepcional, curioso, académico e inundado de flores”. En 2003, el catálogo oficial no lo incluyó entre las obras de Van Gogh, pero se mantuvo en la colección. El nuevo escáner (su nombre técnico es Macro Scanning X Ray Fluorescence Spectometry) ha permitido observar con detalle la media desnudez de los luchadores. Un detalle propio de los modelos utilizados en Amberes. En otras academias de Arte posaban desnudos. “Hemos comprobado sin dudas ya, que la técnica y pinceladas son propias de Van Gogh. Los colores, los que usaba en su paleta en aquellos momentos”, ha asegurado el museo en la presentación del cuadro.